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...
Hasta en la sopa...
domingo, 14 de febrero de 2010
Nos mudamos! Vienen??
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martes, 9 de febrero de 2010
Volver. (Viene larga la vuelta, aviso)
Tome señora, muchas gracias, me dijo el de 25, sentado en la fila de adelante del avión en el que estábamos despegando. Que ingrato, pensé yo. Le doy caramelos para que el boludo pasado de cerveza carioca no vomite y me devuelve la atención diciéndome señora. Igual me gustan los viajes. A veces más que los destinos.
Luego un trasbordo, Mc Donalds, que es un no lugar perfecto que te permite no pensar y marcar el combo en piloto automático. Y las nenas una alegría. Y el free shop. Me gusta el free shop. Amo el free shop. Parada técnica en el baño y en migraciones veo como, a través de un vidrio, mucha gente mira hacia el mismo lugar. Ignorando las miradas, pasa una chica alta y flaca. Con un vestido al cuerpo y hasta el piso. Corte carré, pelo negro, mucho maquillaje. Hasta ahí nada extraño. Si no fuera porque tiene puesto un corset sobre el vestido, bien fetiche, de esos que uno ve en los documentales viejos, tipo The Real Sex, que pasan en el cable. Cintura de avispa. Irreal. Más chica que la de la Barbie. Es violeta el corset, y los tacos altos al tono. Ahí ya no, esto es una joda. Una provocación. Lo dejo pasar de rebelde nomás. Derechita la tipa, pasos cortitos, bastante debe tener con su vida como para que yo la cargue con otras. Además, no puedo pensar en nada más importante que en cómo carancho hará para respirar. Y quién se lo habrá puesto… Se va y la pierdo en la multitud. Por suerte. 
jueves, 4 de febrero de 2010
Al palo. La Argentinidad.

domingo, 31 de enero de 2010
Cumplimos, que no es poco.

jueves, 7 de enero de 2010
1 AÑO EN 1 POST (El último, recargado)

ESTE POST PARTICIPA EN EL CONCURSO DE ATRAPALO. SI QUEDA ENTRE LOS 20 MÁS VOTADOS ES EVALUADO POR EL JURADO.
Conocés la calle Te Amo? Y le explota la sonrisa de dientes.
jueves, 31 de diciembre de 2009
El último: Cortito y al pie (a mis).

Último día del año. Hay sol y es temprano. Suena el despertador porque trabajo medio día. No me molesta para nada trabajar, ahora, al próximo que me diga la frase esa de que el que es jefe no trabaja lo cago a trompadas.
Apuré el baño y el desayuno en silencio para no despertar a la familia. En la cocina los olores de la comida para la noche vieja que se apura más que mi baño y mi desayuno. Son raros los olores de la cocina por la mañana. A veces me pregunto si son los olores que van a recordar mis hijas cuando crezcan. Y uso mucha canela y mucho jengibre para que la nostalgia sea rica.
Me vestí con lo primero que encontré (Ventajas de tener el 90% del guardarropas color negro), anteojos de sol gigantes, con la esperanza de que tapen más que los ojos. Espié a las nenas, la menor llena de Caladryl porque ayer se la comieron los mosquitos. La mayor muy mayor. Besé a mi amor en los labios, me respondió el beso dormido, casi como un reflejo conocido. Yo no puedo vivir sin esos besos. Quien lo hubiera dicho.
Caminé casi una cuadra con el año en los hombros. Ayer no me pesaba tanto, pero hoy es 31. Año de mierda pensaba, así, como una sensación que me envuelve. 20 kilos menos y me siento pesada. Me jodo, la ironía a veces se te vuelve en contra. Y tengo además la idea de que no tengo derecho a la queja. Me chupa un huevo, si querés llorar llorá dice Moria. Y yo digo que lo que tiene que doler es mejor que duela, sino después se enquista.
La ciudad estaba bastante despierta. No tengo muchos momentos de soledad, así que los disfruto. Ensimismada. Con el pelo mojado. Dejando que el calor de la mañana me de de lleno en la cara (y a la mierda el cáncer de piel, que tampoco es para tanto, que son las 8 de la mañana).
Ya había cola en la carnicería, se mezclan las bolsas de hacer las compras rayadas con los changuitos súper top que se pusieron de moda. Las cuadras que camino están llenas de talleres mecánicos y comercios. Llegando al final de la cuadra me quita de mi propio encierro un grito: Ey! Te puedo hacer una pregunta?.
Miro, si, era para mí. Un pibe que no podría ser mi hijo pero casi, desde una camioneta de fletes, parada en la cola del semáforo en la mitad de la avenida. Una gorra con visera y ojos con chispa, el brazo acodado en V sobre la ventana de la camioneta y la cabeza apoyada sobre el brazo.
Yo no había emitido palabra desde que me levanté. Igual nací con megáfono, así que abrí la garganta y respondí, claro y fuerte: Si!, decime. Y pensaba que todos los que íbamos a trabajar hoy por la mañana compartíamos un secreto.
Me responde: Ayudame!, conocés la calle Te Amo?. Y le explota la sonrisa de dientes.
Me sonrío y me sonrojo. Yo no me sonrojo fácil. Pero tengo la guardia baja. Mientras, como en una escena de una película barata el señor gordo y el señor petiso de pelo blanco de la gomería que saludo todas las mañanas estallan en un aplauso. Se suma el señor de la estación de servicio de la esquina que según mis cálculos vive ahí, o trabaja 24 x 7, que es lo mismo.
Arranca la camioneta, el de la estación de servicio vuelve a su silla, los de la gomería al mate. Sigo caminando.
No es mágico. Pero casi. Ahora falta terminar el día, abrazar a los que quiero. Y empezar el año. No me creo que cambie nada cuando el 31 de paso al 1ero. Pero reconozco que se genera la sensación de que se gana tiempo. Hoy no queda nada, pero a partir de mañana son 365 días para curar las heridas y para amar más.
Pero yo ya tomé una decisión. Mi año terminó hoy a las 8.15 de la mañana. Con aplauso y todo.
Buena vida a todos y un año después, gracias, muchas gracias, tantas gracias, por leer.
martes, 22 de diciembre de 2009
Acabemos con esto! (Que tenemos que volver a empezar).

Cuando llega fin de año además de todo lo que todos hacemos: Comer, comprar, desesperar, volver a empezar, evaluar, rendir, correr, yo además celebro aniversario de casados.
Esa celebración suma a la toma de conciencia del paso del tiempo. Y cuando me estoy por recuperar ahí, un rato después de los malditos fuegos artificiales del 31 cumple años mi hija mayor. Que es pequeña aún. Pero cada vez menos. Encima porta un cuerpo que la aleja de su edad. Tiene fiebre, mi marido se quedó con ella, me escribe desesperado para decirme, no que tiene 39, sino que tiene pelitos abajo de los brazos. La nena tiene musculosa hace 10 días y hace 20 que se lo dije, pero no, el tipo elimina lo que no puede procesar. Y le puso el termómetro y se chocó con la realidad. Cuando se indisponga lo internamos.
Un ratito después cumplo años yo. Hace años que no me acuerdo cuántos años tengo. Pero no es falta de compromiso con la adultez eh. Es que cuando parí a la mayor nació con unos problemas, se quedó internada, nosotros volvimos a casa y yo pase mi cumple entre terapia intensiva, el sacaleche y mi departamento sin bebe. Entonces como que perdí un año. Si me preguntan rápido me pierdo, dudo entre un año más o un año menos. Igual con esfuerzo lo saco, sólo tengo que concentrarme.
Después se me aparecen señales inequívocas que me causan mucha gracia. Porque si hay algo que nadie me puede negar es la gran capacidad que tengo para reírme de mi misma. Por ejemplo, estaba por salir el otro día y recordé que antes nunca salía de noche sin llevar los lentes de sol. No porque me los pusiera para ir a bailar, nunca fui tan boluda, sino porque los usaba a la mañana. Cuando volvía a casa. Por respeto a mis ojos y a todos los que se cruzaran conmigo. Ese recuerdo me hizo estallar en carcajadas. Sola. Y no logré recordar cuándo había sido la última vez que había salido con lentes de sol. No es añoranza. Es anecdotario.
Así que en los últimos días del año, mientras estoy comiendo, comprando, desesperando, volviendo a empezar, evaluando, rindiendo, corriendo, celebrando aniversario de bodas, pensando en el cumpleaños de la mayor y en el mío propio, respiro y con el último suspiro anuncio que la verdad verdadera es que tanto no me jode el paso del tiempo. Será que voy al trotecito rápido y acompaño lo que me dejan acompañar intentando no perder el ritmo. No sea cosa que se me enfríe el sudor.
El cuero es más duro y el corazón es más blando. Ironías de la vida, soporto mucho mejor las tormentas pero las heridas, muchas menos que antes, duelen mucho más. Me estaré poniendo sensible? Qué horror!
Mejor no me le animo al balance, lo dejo para el 31. No se si el saldo es positivo, pero agradezco tanto todo. Y realista como soy diré que si bien nunca veo el vaso medio vacío no significa eso que lo vea siempre lleno. Hay momentos, y diciembres, en los que me conformo con ver el vaso.
Sobre todo porque sino no puedo brindar...
Chin chin.
Y a otra cosa mariposa.
Cenizas quedan... (Esperemos que no muchas más)

Ya se había muerto Mamama. Luego, murió Mema. La otra abuela. Ahora no tengo más. No es tan dramático, digo, no se si tengo edad de tener abuelas.
Como ya he dicho en otras oportunidades, para humor negro mi familia es lo más. Igual negro es para afuera, para adentro tiene luz. Para negro mi ropa, el resto clarísimo.
Decía, sin terminar de vaciar los muebles de la casa de la abuela materna agarra y se muere la paterna. Lo bueno es que ya teníamos cinerario cerca. (Y la logística clara, y contactos con la funeraría, y hasta casi precio promocional por el uso pero ese es otro tema).
Partimos entonces la familia unita, con los nenes incluidos, el día correspondiente, con la urna bajo el brazo, a llevar a Mema a rejuntarse con Mamama y con la Tía Tita.
Llegamos y como lo nuestro siempre es completito, se había muerto uno de los curas más viejitos de la Parroquia. Así que no sólo había urnas en el altar, sino que además estaba el cajón en la mitad de la nave de la Parroquia. Misa de cuerpo presente. Los curas llorando a su compañero muerto. Fellini nunca soño nada ni parecido.
Entramos en fila india. Los curas formados a un costado para entrar. Clima de velorio pero en paz. Mi padre se funde en un abrazo con uno de los curitas más jóvenes, compañero de facultad, y mientras el cura principal me hace señas con la mano para que me acerque. Todos los feligreses espectantes. Voy intrigada y me dice, en voz baja: Y ahora a quién traen? Y señala la urna. Ah! A mi abuela digo. Y me responde, desorbitado: Pero no la trajeron hace un mes?? La otra padre, la otra. Y por las dudas no me preguntó nada más.
Luego de esa conversación que merece un post aparte, transcurrió la misa rápido, ocupada estaba yo en hacer callar a la mayor que lo único que quería saber era si podía acercarse a ver al muerto. Cuando lo logró llegó a la conclusión de que parecía un muñeco de cera. Bastante razón tenía. Y como primer encuentro con un cadaver no puedo pedir más. Cero trauma, clima de paz y de Fe.
Después otra vez la ceremonia de las cenizas, como un déjà vu. Y ya al partir, sin más abuelas que entregar, cuando el Párroco me saluda le digo: Bueno, espero que no se nos haga costumbre. Y me miró raro.
Me parece que no era momento aún para hacer un chiste.
Y bueno, cada uno hace lo que puede con lo que tiene. Yo lo llevo a misa. No está tan mal. Sobre todo para estas fechas.
sábado, 28 de noviembre de 2009
TIC TAC TIC TAC

martes, 3 de noviembre de 2009
Tenés la boca llena?

jueves, 29 de octubre de 2009
TIRANDO Y TIRONEANDO (me).

lunes, 12 de octubre de 2009
Manejar manejo, pero no autos (1/3)

NOTA DEL AUTOR: Post publicado en la revista on line Mujeres al Volante - Dietrich (Primera de tres entregas).
“Andá a lavar los platos” se escuchó en el medio de la avenida. Sin embargo, algo hacía ruido en la frase. La voz era femenina. La que gritaba era mi mejor amiga, al volante. El destinatario era un hombre también al volante aunque nunca tendría que haber tenido acceso ni al de los autitos chocadores.
La situación generó sonrisas. No en mi amiga, claro. La tipa es una de las personas (Dije personas, estoy englobando a ambos sexos) que mejor maneja en el mundo (Mejor maneja no significa que maneja lento, ni que maneja como un hombre, significa que maneja bien).
Tanta aclaración se debe a que mucho se ha escrito, y mucho más se dice a diario, sobre las diferencias entre los conductores hombres y las conductoras mujeres. Lugares comunes y frases hechas. Pero dan para el chiste.
Vamos entonces, haciendo gala de la misma discriminación que sufrimos a menudo, a enumerar algunas de las diferencias:
• Los hombres se enamoran de su auto. Las mujeres usan el auto que tengan a mano. Algunas a lo sumo se enamoran del auto del marido en lugar de enamorarse del marido, pero eso es otro tema.
• Los hombres mantienen las piezas originales de sus autos. Si tienen que buscar un repuesto son capaces de recorrer el país de punta a punta. Las mujeres los personalizan. Calcos, llaveritos, olores, fotos, rosario. Y no tunean el del novio porque tienen instinto de supervivencia, porque sino…
• Los hombres hacen un estudio de mercado antes de comprar un auto. Aunque finalmente compren uno usado con 25 años encima y con el cuenta kilómetros gastado. Las mujeres miran la economía familiar. Si el dinero no es una traba, miran que tenga formita redonda y por sobre todo, miran el color.
• Los hombres odian los autos familiares. Muchas mujeres también, pero son capaces de comprender la diferencia entre 3 chicos en un convertible y 3 chicos con su cinto de seguridad en un vehículo familiar.
• Los hombres odian que las mujeres manejen. Las mujeres odian que los hombres odien que ellas manejen.
Podríamos seguir por varios puntos más, pero cambiando de registro, sostenemos que suponer que todas las mujeres manejamos mal es como suponer que todos los hombres manejan bien. Ambos son razonamientos falaces. Y sobran pruebas.
Por ejemplo, he ido yo misma a hacer el curso de manejo en dos oportunidades. La primera me embaracé y mis nauseas y yo aborrecíamos profundamente a a la humanidad toda y eso incluía al instructor. Y lo dejé. La segunda, nos robaron el auto y me enoje. Y lo dejé. Los cursos de manejo y yo merecemos un texto aparte, créanme.
Estoy notando que no muevo la aguja de la estadística porque no manejo ni mal ni bien. No manejo. Prometo volver a intentarlo únicamente para poder relatar la experiencia.
Ahora, mientras, y que les quede bien claro, ni pienso irme a lavar los platos.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Cremas, el tiempo y rock & roll.

martes, 25 de agosto de 2009
Familiares encajados.

Mi abuela Mamama primero cumplió 90 años y después tuvo el mal gusto de morirse. O la dignidad. Depende.
Mi Tía Tita, soltera y sin apuro (ni para casarse ni para morirse), se fue a los 90 y pico, ya lejos del cutis de porcelana y las uñas pintadas color coral.
En este sitio sólo nombramos con su nombre real a los muertos. No es ética, es para que nadie reclame nada. Valga la aclaración.
Si bien una es herencia paterna (la tía) y la otra es herencia materna (la abuela), estos dos pilares de mi vida han compartido cenas familiares varias, cumpleaños, casamientos y velorios (No los de ellas, de hecho, ninguna de las dos fue velada). Sin embargo, y quien se los hubiera dicho, desde que han dejado este mundo han estado más cerca que nunca.
Juntitas las dos. En la oficina de mi padre. En donde atiende a los clientes. Una encima de la otra. Cada una en su urna.
Ocurre que para humor negro, mi casa. Es sano. Muy sano. Pero reconozco que a veces al entorno le resulta algo chocante. A nosotros nos mantiene vivos. Aparte a las viejas en algún lado las teníamos que poner.
Luego, varios meses después de haberlas apilado, la Parroquia del Barrio inauguró, con un sentido de la oportunidad increíble, un cinerario. Un cinerario es, al menos en este caso, una caja de concreto muy linda en donde se van tirando las cenizas de los fieles.
Partimos entonces con la tía y la abuela. Nos hubiera gustado llevar al abuelo, al marido de Mamama, pero no pudo ser. Cuando desmantelamos la casa de mi abuela, encontramos la urna allá arriba del ropero. Mi hermana la del medio, siempre tan despistada, subida a una banqueta, levantó una tapa negra con una cruz plateada y me miró preguntando: Y esto qué es? Yo le estaba por decir pero mi hermana la menor empezó a gritar, presa de un ataque de impresión (Creemos que es adoptada). Yo me reía, la del medio avisaba que la urna estaba vacía, la menor gritaba y mi madre exclamaba: Pero en dónde está papá? (Como verán o escribo o me convierto en una asesina serial).
Decía entonces que nos llevamos a la tía y a la abuela, tuvimos misa, mi hermana menor coherente con su aprensión se fue en la mitad y luego, a mi me tocó la tía y mi mamá llevó a su mamá. Una de urnas había! Los cinearios no son muy comunes y en el barrio se venían acumulando familiares en caja a lo loco.
Había que abrir las urnas, lo que generó expresiones de lo más extrañas en los dolientes. Porque, seamos honestos, yo a las dos las conocía bien, pero hay urnas que se van pasando de generación en generación y que al final no se sabe bien si son propias o si estaban ahí cuando te mudaste, junto con la maceta de venecitas. Mi madre, siempre tan genial, tenía un destornillador en la cartera, al lado de las carilinas, que salvó a más de uno de la vergüenza de andar zamarreando a los difuntos.
El señor que recibía las reliquias tenía una cuchara sopera en la mano con la que rascaba las urnas que estaban casi vacías (Haberlo sabido y llevábamos al abuelo). Luego una estampita y a irse por donde vinimos. La tía y la abuela en la casa de Dios, mamá contenta, clientes de papá sin impresionarse... Una maravilla.
Yo cerré el capítulo, me quedé con lo mejor de las dos y pasé a otra cosa. Unos días después mi hija mayor, la de 7, invitó a dos amigas a jugar. Cuando vienen niñas suelen ir a jugar al play. Desde el living yo escucho las conversaciones de los pequeños engendros infantiles. No es de chusma, estoy ahí. Reconozco, sin embargo, que no logro asimilar que todos los juegos comiencen con la muerte de los padres. Ya he comprendido que es habitual, ya he investigado y tiene que ver con la fantasía universal de la libertad absoluta (o con Cris Morena y todos sus programas) pero de todos modos me cuesta.
Estoy en el living, escribiendo por ejemplo, y tengo la secreta esperanza de que mi primogénita en algún momento diga algo del estilo de: “Dale que se mueren todos pero mi mamá no porque sin ella no puedo ni pensar en sobrevivir un microsegundo”. En lugar de eso escucho que les relata a las otras nenas que a la abuela y a la tía Tita las habíamos llevamos a la parroquia, las habían prendido fuego y para terminar, habíamos tiramos las cenizas en la casa de Dios. Noté que, sangre de mi sangre, había obviado comentarles a las amiguitas que no las habían quemado ahí, y sobre todo obvió decirles que estaban muertas. Un silencio en la merienda…
Me hice la adulta responsable y le expliqué en detalle la cuestión, seriamente, y ahí si pensé que habíamos terminado con el asunto, pero no.
Un par de días después estaba yo en la Facultad e intentaba mantener la atención durante toda la jornada en un seminario (como se pierde la costumbre eh). Con una mano jugaba con mi teléfono y con la otra jugaba con el borde de mi remera. Linda mi remera. De ahí pasé al bolsillo de mi jean y me encontré con un tornillo. No tengo alma de Bob el Constructor… demoré en hacer la conexión… pero si, ahí estaba, claramente, uno de los tornillo de la urna de la tía. Ahora, en qué momento me lo puse en el bolsillo y por qué carajo me lo puse en el bolsillo son misterios que no pretendo develar.
Que raro todo. Si yo no fuera yo podría pensar que era una clara señal de mi Tía, indignada por la irreverencia con la que me tomo estas cosas. Pero como justamente soy yo porque mi tía fue mi tía y mi abuela fue mi abuela, puedo decir tranquilamente que el tornillo en mi bolsillo ha sido un guiño seguro de estas mujeres que se cagan de risa de mí cuando me tomo algo en serio.
Brindo por ello y asumo que hay cuestiones que simplemente no concluyen aunque se conviertan en cenizas. Pedazo de bruta, por querer hacer cosas imposibles es que luego ando por la vida perdiendo los tornillos.
