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textos que en algún lado tenía que poner.

jueves, 25 de septiembre de 2008

M de Mucho.


Hace años que tengo sobrepeso. Tanto tiempo después puedo afirmar que la razón de base es la autoestima. El exceso digo. (El de autoestima, no el de peso).

Entre tanta tiranía de cuerpo flaco y anoréxico, no seré yo quien haga una apología de los rollos o una reivindicación de la gordura. Nada más lejos de mí. Conozco los riesgos, y con el paso del tiempo, entiendo que finalmente tendré que hacer algo al respecto. Soy madre y deberé preservarme sana para ocuparme de mis hijas.

Antes de empezar a adelgazar (Cómo se hará tal cosa… ¿) intento ordenar el resto de los motivos..

Ocurre que nadie que me conozca puede decir que no tengo fuerza de voluntad. Al revés, soy una especie de topadora. Creo realmente que uno puede hacer lo quiera. Solo tiene que hacerlo. Tendré que aceptar entonces que o nunca me propuse realmente adelgazar o es la excepción a la regla en mi personalidad. Mientras escribo recuerdo que una vez el notero de un programa en el que trabajaba, una noche, medio borracho, mientras cubríamos la grabación del video clip de Sabina con Fito “Llover sobre mojado” (Dios, cuánto memoria al pedo), me dijo: “Lo que pasa es que vos tenés que ser grandota porque le pones el cuerpo a todo”. En realidad no sirve como excusa, lo que de verdad pasa es que me gusta comer.

La casa de mis padres, y ahora la mía, son una especie de club social en donde desfilan a diario amigos, familia, conocidos, amigos de los amigos, familia de la familia y últimamente se han sumado amigos de mis hijas, familia de los amigos de mis hijas, etc. Y entre lo que yo cocino y los que los otros traen esto parece un buffet con servicio 24 horas. Cocinar me relaja. Cocinar para los demás me encanta. Me compre una cocina industrial. Y la uso.

Me ha sucedido siempre además que no tengo rollos (juego de palabras tonto) con el tema de mi imagen. Me veo divina, me siento sexy. Siempre tuve “levante”. Por otro lado a esta altura noto que he cometido, en nombre de mi libertad, atropellos al buen gusto (Si Madonna salía a bailar con corpiño de conos por qué yo no, eh?). Pero sospecho que los hubiera cometido igual, independientemente de mi peso.

No tengo limitaciones tampoco, soy ágil, soy flexible, puedo bailar horas, y hace unos años, cuando tuve un operación “importante”, el cirujano estaba preocupado porque suponía que iba a tener los “valores” mal. Ja, divinos estaban. Como yo. (Lástima el tumor… que de todos modos nada tenía que ver con mi peso).

Para completar la situación, la mirada del otro, por lo menos la mirada de lo externo, siempre me chupó un huevo. Me pongo lo que quiero cuando quiera. Y tengo alma de arbolito de navidad, pero de luto: Vamos con aros, collar, reloj, tacos, anillos, todo negro. Y todo grande.

En fin, parece que me llegó la hora. Por lo menos la de la conciencia. Debería entonces, en nombre de la sanidad, perder algunos kilos. Y se me ocurre que podría empezar por:

- Los kilos que legalmente no están casados con mi marido.
- Los kilos que nunca se recibieron de licenciada.
- Los kilos que parieron a la segunda pero que no tuvieron nada que ver con la maternidad de la primera.
- Los kilos que no conocieron el primer departamento.

Y si todo este auto convencimiento no alcanza, tengo que pensar que capaz, sólo capaz, me entran otra vez los pantalones de cuero. Y entonces, no podíamos irnos sin otro juego de palabras tonto, tamaño esfuerzo habrá valido la pena.

lunes, 22 de septiembre de 2008

M de: Mujer que escribe (la génesis).


Aprendí a leer y a escribir mucho antes de entrar a primer grado. No era superdotada, era hincha pelotas. Estaba absolutamente fascinada por todo lo que tuviera letras. Y mi santa madre, harta, realmente agotada, de tener que leerme todo, decidió que era mucho más productivo para su sanidad mental (Y para mi integridad física) enseñarme a leer y a escribir. Y como mi progenitora es de una fortaleza indescriptible, lo logró.

Luego arremetí yo con todo lo que se pudiera leer. Lo que debía y lo que no. La revista Humi que me compraban mis papás y la revista Humor que se compraban ellos y que me prohibían. Y también la revista Perfil que me escondían.

No sabía mamá (Una de sus frases favoritas hoy es “Te deseo con tus hijas la mitad de los fuiste vos, con eso estoy satisfecha”) que se sacaba un problema de encima pero se ponía otros.

En primera fila estaba cuando yo, de 6 años, pronunciaba un poema (Espantoso) de mi autoría (De quién más sino) a la bandera en el patio del colegio Socorro de San Pedro. Un momento hermoso. Ah… porque escribía poesía, no les comenté?? No, si era una joyita...

A mediados de cuarto grado nos mudamos a Buenos Aires. A la semana de estar cursando la señorita (Violeta se llamaba) la citó a Eleonora y le dijo, muy seriamente: “Usted sabe que su hija escribe?!”. Esta mujer pensaba que el trauma de traerme de la zona rural a la urbanización había generado en mi una depresión literaria, o algo así y que por eso todo en el cuaderno tenía métrica y rimaba. Ella una ilusa, yo una niña insoportable.

A esta altura ya estaba convencida yo de que escribía más o menos bien. Y cómo por contraposición la mayoría del resto de las cosas que te enseñan en el colegio me interesaban un bledo (Aún hoy hay cosas básicas como la división que casi no comprendo) me dediqué a explotar la pluma y la lectura.

En el secundario fue practicamente igual y por supuesto mis redacciones se destacaban. El punto culmine llegó cuando para un trabajo práctico yo agarré y me escribí una novela completa (Toma, chupate esa mandarina). Lazos se llamaba el adefesio, y empezaba narrando la muerte de la que aún hoy es mi indiscutible mejor amiga. Es además la madrina de mis dos hijas y mi socia. Ahora que lo pienso, y a la distancia, como en definitiva soy una buena mina, se ve que la mataba básicamente para salvarla de mí.

Lazos pasó de mano en mano, lo leyeron todos los profesores, varios de mis compañeros, los padres de algunos (Incluyendo a los de la muerta), mi familia… Y todo eran felicitaciones y augurios de un futuro en las letras.

El libro (porque es uno solo, con tapa de cartulina) sigue en mi poder. He fantaseado con reescribirlo. Pero también he fantaseado con pesar 30 kilos menos, con volar y con tener sexo con algún hombre famoso, pero una de las virtudes que tengo es que distingo bastante claramente el terreno de la realidad y el de la fantasía.

Aún me pregunto como nadie tuvo la valentía para decirme: No nena, busquemos otro kiosco.

Capaz fue piedad, porque hasta ahí duró el romance. Entré a la Facultad. Y bastaron un par de días. Ahí si que había, y estoy hablando de compañeros, monstruos gigantes de la pluma. De los que aún tengo muy cerca, puedo nombrar a un amigo que escribe poemas que te parten en dos (Y no necesita rimar canción con emoción) y una amiga que hay Dios mío, si yo escribiera como ella no haría otra cosa nunca. Ni siquiera comprarme zapatos. Escribiría y escribiría.

Sin embargo, acá me tengo, en esta especie de regreso al mundo de las palabras. Y públicamente, que no es poco. Me someto, aunque no es el fin, a la mirada de los que seguramente tendrán mucho que criticar. Y sin embargo, ocurre en un momento en el que tengo la madurez suficiente como para saber que no hace falta ser bueno (o un genio, o un iluminado) para hacer las cosas que te dan placer. Alcanza con hacerlas.

Y sospecho que hicieron falta el poema a la bandera, los cuentos obvios y el best seller Lazos para poder hoy, de modo terapéutico, balbucear en este Blog mientras me divierto horrores y esperar que si alguien lo lee, se ría.

Y que el resto, literalmente hablando, me chupe un huevo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

M de: Me desagrada la primavera.


A mi no me gusta la primavera. El mi ranking de estaciones está primero el otoño (estación con onda si las hay), luego el verano, después el invierno y ahí, al final, la primavera.

Me molesta todo lo que está relacionado con la primavera. No me gusta el olor a flores. Odio el olor a flores en general. Odio que las flores se reproduzcan, a partir del 21 de Septiembre, en vidrieras, publicidades, tapas de revistas, el cuaderno de mi hija, canciones, ropa y todo lo que se pueda pintar, plotear, describir. Hasta de debajo de las baldosas salen flores. Se vive como en un continuo ataque esquizoide de liberty!

Y ahí salen todo con los bermudas y las sandalias. Aunque haga 5 grados. Bajo cero. Ahhh pero si es primavera… sacate el tapado y ponete la musculosa que sino sos un amargado. Y cada vez peor, porque con esto de la capa de ozono el clima se va como corriendo y lógicamente si en abril te cagas de calor en septiembre hace frío. La de plata que deben hacer para estas épocas los fabricantes de Antigripales.

Pareciera además que por decreto tenés que estar de buen humor. Y enamorarte. Y ahí nos vamos todos a la mierda. Evidentemente el polen ataca directamente a las hormonas. Y uno ve cada caso… porque como ya no tenemos 16 años, la cosa no queda en transar con un fulano lleno de acné sobre los restos del sándwich de mortadela en el picnic de Palermo, justo antes de pelearte con el otro colegio y de que te corra la cana. No te alcanza el verano para arreglar las cagadas que te mandaste en la primavera. El amor no tiene estación señores, sino sería de sencillo…

Y no me gustan las mariposas, y no me gustan las alergias, y menos las abejas, y no me gusta, sobre todo, el espíritu primaveral. Lo único que me gusta de la Primavera es la placa de Crónica que anuncia su llegada.

Me gusta la época de frutillas, me vuelvo loca por los jazmines (Tengo una teoría, no son flores, sino no me gustarían tanto), adoro las noches cálidas al aire libre con mi amor, disfruto horrores de los días de quinta con amigos, pocas cosas me gustan más que mis hijas disfrutando de la libertad de la naturaleza.

Aclaro esto último para dejar asentado que no es de jodida. No me gusta la primavera porque creo que, independientemente de la estación que sea, cosas buenas pueden “florecer” sin necesidad de tanto brote.

lunes, 15 de septiembre de 2008

M de Mujer: Ocupada, pero sobre todo PREOCUPADA.


Puff hace varios días que no escribo..

Ocurre que estoy ocupadísima. Mi agenda explota.

No lo tenía planeado, pero en el próximo mes tengo que:


  1. Blanquearme los dientes.
  2. Ir al nutricionista.
  3. Cortarme el pelo.
  4. Ir a la dermatóloga.
  5. Teñirme las canas.
  6. Ir al plástico.
  7. Hacer pilates para endurecer los brazos.
  8. Hacerme una lipo. General.
  9. Ponerme botox. También en general.
  10. Bajar 27 kilos.
  11. Hacerme las manos.
  12. Sacarme dos costillas. Como Thalia, pero sin la voz de pito.
  13. Hacerme los pies.
  14. Levantarme las tetas.
  15. Hacer 70 horas de escalador para levantar la cola.
  16. Hacer 1.556.779 abdominales para meter la panza.
  17. Ponerme hilos de oro en la cara.
  18. Hacerme un transplante de abdomen (No veo otra solución efectiva para contrarrestar las estrías de los embarazos).
  19. Hacerme un peeling.
  20. Comprarme ropa nueva que me quede bien luego de haber hecho todo esto.
  21. Hacerle hacer cosas similares a mi marido para que hagamos juego. (Obviando lo de las tetas).
  22. Hacerme un cinturón gástrico porque seguro que la dieta no funciona y no tengo más tiempo.
  23. Nacer de nuevo para, ya que estamos, medir 15 cms más.
  24. Ganarme el loto para poder pagar todo lo anterior.
  25. Si no me gano el loto, vender la casa y volver a vivir con mis padres o con mis suegros, para poder bancar todo lo anterior (Incluso las boletas fallidas del loto).
  26. Darles un curso acelerado a nuestras hijas para que nos reconozcan. Y mandarlas al psicólogo para que lo asuman.
  27. Ir a un spa para descansar del esfuerzo.

Es que nadie me avisó… nadie me dijo… Nadie tuvo la decencia de advertirme que CUALQUIER PUTO CONTACTO DEL PUTO FACEBOOK TERMINA EN UNA PUTA FIESTA DEL REECUENTRO!!!!