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textos que en algún lado tenía que poner.

martes, 5 de agosto de 2008

M de Mujer: Castradora!!


Navidad le debía el nombre al día en que llegó a casa. Se instaló por decisión propia. Y nos adoptó. Sin consultarnos. Era una gata hermosa, blanca. Navidad hacía cosas de gato: Se iba sin avisar y volvía sin preguntar (Tengo amigas que tienen novios así, pero con menos glamour que el que tenía Navidad). Se refregaba contra cualquier cosa que tuviera más o menos calor cuando requería un mimo, maullaba cuando quería entrar, así como indignada.

Navidad es una de los quichicientos gatos que vivieron en la casa de mis padres. Con esa impronta, y con esa experiencia, me pareció bueno tener un gatito para que mi hija supiera lo que era tener una mascota. Queríamos algo intermedio entre un pez (Para eso mejor una de esas lámparas chinas que tienen peces de plástico adentro y que las enchufás cuando querés) y un perro, que iba a requerir de todo el cuidado que nosotros no lo podemos dar porque laburamos todo el día. Un gato era ideal. Son las nenas lo único que hemos logrado mantener con vida, se nos mueren hasta los cactus, así que era todo un desafío.


Mi marido nunca tuvo gato, no estaba muy convencido.

Un amigo (el de sex & the city) tiene a su vez un amigo que tiene gatos que tienen gatitos y los regala. Le pedimos uno, nos preguntó si no queríamos dos, le dijimos que no, y llegó Suárez a casa. Un siamés.

Le puse Suárez porque es mi apellido. Para ponerles mi apellido a mis hijas la ley necesitaba la aprobación de mi marido. Para ponérselo al gato no tenía que pedirle permiso a nadie, así que me di el gusto.


Suárez es divino. Un pelo... Tiene los ojos color de mar. Hermoso. Esbelto. Señorial. Muy inteligente. Bah, un turro como todos los siameses. Y como todos los siameses, está más loco que una cabra loca, sólo que nadie nos avisó.


Anoten, los siameses no son gatos. Son otra cosa.


Algunas de las perlitas de Suárez: Te acecha atrás de la puerta para saltarte a la pierna como si fuera lo último que va a hacer en su vida, grita como un loco al lado de la puerta de nuestra habitación a las 4 de la mañana. Pero no quiere entrar, quiere que nos levantemos. Suárez corre 6 metros salta y tira un sillón al demonio. Por lo menos una vez por día. El tipo decidió que mejor toma agua de la pileta del baño, come de la mesa en la que comemos todos, tira con su manito mi pincita de la mesa de luz, sólo eso, mi pincita! (Que es tan vital como el aire que respiro). Suárez para festejar la navidad bajó veloz la escalera, rebotó en una silla y se tiro de llenó (con las garras afuera) en el medio del arbolito de Navidad. Con las lucecitas prendidas y todo.


Empezó entonces nuestra batalla diaria para educarlo. Yo quería directamente matarlo (Me gustan las soluciones rápidas y radicales) pero la verdad es que ya le había tomado cierto cariño (Me atrae la gente complicada). Pero el problema real era mi marido, el que estaba reticente a sumarlo a la familia. Lo ama. Está enamorado del loco de mierda este. El gato se acomoda en mi cama, boca arriba, recostado contra mi marido. Mi marido le pasa el brazo por los hombros. Y nunca lo escuché quejarse del síndrome del amante.
Mi marido, la estrella de rock, agarra al gatito y le dice “papito” mientras le da besos. Un asco.

Empezó nuestra batalla decía, pero desde el inicio supe que era una batalla perdida. El bicho este hace lo que quiere. Y si tiene dudas lo tiene a mi consorte como para reafirmar su reinado en el grupo familiar.


Se presentaron sin embargo dos soluciones prometedoras para atenuar el drama. La primera es que según parece, no hay nada mejor para un siamés que otro siamés. Me da pavura la sola idea de tener dos de estos cosos en casa. Temo que se confabulen contra nosotros, y no me extrañaría encontrarme un día durmiendo en el lavadero mientras ellos se estiran en mi sommier. Le comentamos a nuestra hija mayor la idea y nos respondió: “Va a ser duro”. La chica es hija mía, y además, los niños son sabios. Conclusión, ni en pedo.


La otra solución, bastante obvia, es castrarlo. Castrarlo con la esperanza de que se convierta en una señora gorda. En un almohadón con patas. Un paraíso. Yo pregunté si además se le podía hacer una lobotomía, pero la veterinaria, que después de todo ama a los animales, me miró mal.


Mi marido está deprimido. Mi padre que es del campo, me espetó en la cara: “Por que no lo capás a tu marido y dejás en paz al gato”. (El hombre nuca pierde oportunidad, recuerden que es el mismo que dice que cuando mi esposo está de viaje yo estoy viuda).


De todos modos, y a pesar de todos, ya tenemos fecha. Tengo una emoción. Es un horizonte. Mientras, a diario, lo miro a mi marido, que a su vez mira al gato como si hubiera fallecido y sólo mirara su recuerdo, y le digo, no ya para levantarle el ánimo, sino para dimensionar la cuestión: Corazón tranquilo, que a vos no te van a cortar nada.

El por las dudas, ya se pidió el día en el trabajo. Ya me voy agendando yo que me voy a tener que tomar el día siguiente. Para contenerlos a los dos. Al fin y al cabo, la castradora soy yo.

jueves, 31 de julio de 2008

M de Mujer: Inadvertida!


Con las últimas generaciones el legado viene complejo. Resulta que los cambios de los roles, los signos de los tiempos y la mar en coche hacen que lo único más o menos concreto que podamos heredar sea la receta de la tarta de jamón y queso. Y eso no significa que realmente la podamos cocinar.

Ocurre que nuestras madres estaban muy ocupadas liberándose del yugo del machismo y del mandato paternal, entonces hay cosas sobre las que nadie nos advirtió.
Me puse a pensar en algunas cuestiones elementales de los tiempos que corren que no nos enseñaron a nosotras, las mujeres sobre ellos, los hombres. Ahora resulta que:

1. Es factible que los hombres lloren.

2. Los hombres, además, se deprimen.

3. Los hombres de hoy no tienen ningún conflicto en vivir con una mujer que gane más que ellos.

4. Los hombres de hoy no tienen ningún conflicto en vivir con una mujer que trabaje y ellos no.
5. Los hombres de hoy cocinan. Muchas veces mejor que nosotras.

6. A los hombres de hoy, a veces, les duele la cabeza.
7. Ellos usan crema para la cara.

8. Ellos pueden tener casi tantos pares de zapatos como nosotras.
9. Hacen dieta. Y genéticamente adelgazan más rápido y más kilos que nosotras.
10. Están abiertamente dispuestos a ser el sexo débil.
11. No tienen problemas en lavar los platos, pero tampoco tiene problemas en que vos cambies la rueda del auto. De hecho, hacen los primero esperando que vos hagas lo segundo.

12. Los hombres disfrutan cuando las mujeres los encaran.

13. Algunos hombres, pudiendo evitarlo, se depilan. (¡!)

14. No hay objeciones para que seas vos la que maneja. Al centro. 7.45 de la mañana.

15. Ellos tardan más que nosotros en la ducha. Y la góndola de belleza para hombres del Super es tan grande como la nuestra.

16. Creen en la igualdad de los sexos, y en algunos casos, oportunamente, la defienden a muerte.


Y muchas otras cosas más, algunas que se y no se me ocurren ahora y otras que iré descubriendo… porque acá estamos, las nuevas mujeres aprendiendo sobre la marcha cómo son estos nuevos hombres… Y a los golpes, claro.

lunes, 28 de julio de 2008

M: de Mujer (con tetas).


De tanto repetirlo ya nos hemos convencido de que el tamaño no es lo que importa. Referido, claramente, a los atributos masculinos.
Porque pareciera que el tamaño si importa si a una mujer les sobran 20 kilos. O dos.

Y definitivamente el tamaño si importa si nos referimos a las tetas. Senos. Mamas. Busto. Pechos.

El promedio de mujeres con las tetas hechas, por ejemplo, en un oficina, ha subido estrepitosamente. “Me las hice por mi”, “Me las hice porque la ropa me cae mejor” , “Me las hice porque tenía mucha espalda, ahora estoy proporcionada”.
Mentira. MENTIRAAAAAA.

Te las hacés porque querés tener un par de tetas que rajen la tierra. Y que te las vean. No andemos con sutilezas.

Lo bueno es que cuando tenés la edad suficiente como para pagarte la operación tenés también la madurez suficiente (En la mayoría de los casos) como para no subestimar el tamaño de tu escote.

No es reprochable. Cada uno hace con su caja toráxica lo que quiere o lo que puede.

Sin embargo nunca ha sido un tema para mí. El tamaño. El de las tetas digo. 120 de corpiño junto con nada de pudor me han dado la gracia de disfrutar una adolescencia en pelotas. A pesar de los kilos que sobran… (Ese es otro punto, si tenes las tetas grandes no importa tanto todo el resto).

Pero, dos embarazos (Con sus respectivas, y extensas, lactancias) han causado estragos en un sentido. El “para abajo”. Los corpiños de mi talla, armados y bonitos, se han convertido en algo vital. Casi tanto como el tapa ojeras.
Dos de mis amigas, sin los 120 pero bien armadas, sin embarazos (Y sin lactancia, claro) sufren del mismo mal. Creo que se llama edad pero por ahora lo vamos a nombrar “la caída”. Tampoco estamos listas como para afrontar la depresión absoluta de la profundización en el tema.
Hemos decidido entonces, levantarnos las tetas. Las 6. Digo, las 6 tetas las 3 amigas.

Y de ser posible juntas. Así, mientras nos operan charlamos y podemos comparar. Es posible que el Cirujano, con nosotras tres hablando sin parar, abandone la profesión, pero este es otro tema.

Hemos decidido levantarnos las tetas, decía, y esperamos la oleada de críticas al respecto. Tres licenciadas, exitosas, que han abundado en lenguas y lecturas, en escritos y debates. Que saben, a ciencia cierta, que lo esencial es invisible a los ojos (frase puaj). Y qué? Nos vamos a operar igual.
Y que no me vengan con el riesgo quirúrgico, que al final corrés más riesgo cruzando una avenida llena de colectivos y tachos. Y si la objeción es económica es porque no tienen ni la más pálida idea de cuánto sale un corpiño. Talla 120. Con aro. Que no parezca el de mi abuela.
De todos modos, si por algún motivo no llegamos al quirófano, nos queda el consuelo de saber que si los hombres realmente popularizaron que el tamaño no es lo que importa, nosotras con mucha más facilidad deberíamos poder convencer al mundo de las ventajas de atarse las tetas con el cinturón.
Buenas noches (Y feliz cumple rubia).

jueves, 24 de julio de 2008

M de Mujer: Sex and the City con amigas, para un amigo.


Era ya de noche, cuando todos (Todos con los que vivo) duermen y yo escribo. Era ya de noche decía, cuando un amigo me paso x Chat un blog. Un amigo de siempre. Le respondo con este blog, que estaba en proceso y me responde “Sólo te falta contar como fuiste a ver Sex and the City con amigas”. Sin ánimos de juzgar, diré que fue el mismo que hace un par de meses me explicó que sale con “las de 20” (Todos nosotros, compañeros del cole, tenemos 34) porque “las de 30” quieren hijos. Sólo a título informativo.

Luego, me espetó, siempre con intención constructiva “Suena a Malena” (Maitena). Le iba a explicar yo que todas “las de 30” escribimos así, y sobre las mismas cosas, etc. Pero no le expliqué nada.

Luego, como si fui a ver Sex & the City con amigas, me pareció pertinente comentarlo.
Resumiendo, fuimos 4.

Yo, que como claramente ya lo dije, soy lo que hay. Y las otras tres amigas de esas que uno agradece tener.


La madrina de mis dos hijas, a la que no le importa mucho Sex and the City. Por algún extraño motivo si le gustan las películas tontas de amor, pero esta ni siquiera es eso. Así que dormitó (literalmente) media peli.


Otra de mis mejores amigas. Lesbiana ella. Se la pasó toda la película alabando al novio de Samantha, que si, está para matarlo. Pero como ella sale con mujeres no sabe que esos hombres tan bonitos no existen. O son gays.

Mi otra amiga, del alma también, compra ropa hasta en las verdulerías. Pero por algún razón incompresible NUNCA había visto la serie. Se dedicó entonces a hacer preguntas que el resto del Universo hizo en la primer temporada: Cómo hace esta Carrie, con un sueldo de periodista a comprarse esos zapatos? Eh??

Concluyo entonces en que debería decirle a mi amigo, al que siempre quiero, incluso a pesar de el, que, no todas las de 20 andan por la vida de joda como mariposas volátiles, no todas las de 30 quieren tener hijos y no todas las mujeres vamos a ver Sex and the City agarradas de la mano y dando grititos agudos mientras copiamos el peinado de Carrie, la cintura de Charlotte, la tetas de Samantha y la ironía de Miranda. Y definitivamente no todas las mujeres desean a un tipo al lado tan emocionalmente deficiente como Mr. Big.


Para cerrar el tema, y para hacerle honor a la amistad que le profeso (a mi amigo, no a Mr. Big), debo confesar que, aclarado todo lo anterior, estoy dispuesta a matar a alguien por un par de Dior Gladiator de cuero negros como los que usa la Bradshaw durante más de la mitad de las casi dos horas interminables que dura la peli.