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textos que en algún lado tenía que poner.

jueves, 4 de diciembre de 2008

M de Madonna.

Bastante complicado fue organizar la cuestión. Una al colegio, la otra al maternal. Luego la niñera y a casita. Después se bañan (Y me baño), se cambian (Y me cambio) y a la casa de la abuela. El padre vuelve de trabajar y las levanta. Yo enfilo, contenta, con mis all star de charol, al recital de la reina del Pop.

Ella y yo tenemos una relación especial. Fue mi primera guardia periodística. Era mucho más joven yo cuando esta mujer llegó a la Argentina asustadísima. Parece que el Delta no se parecía a la Isla Bonita y que los muchachos (Algunos peronistas) no estaban muy de acuerdo con que encarnara a la abanderada de los pobres. Un susto tenía la estrella. No asomó ni la nariz por la ventana del hotel ni por equivocación.

Pasé mi primer noche ahí (Es un lugar común, pero la primera vez siempre duele, ya sabemos). Pantalón cremita tenía yo. Me visto con algo diferente al negro unas dos o tres veces al año. Esa fue una, igual no importa, porque al final de la guardia estaba tan negro como el 90% de mi ropa.


Salió a comer y la seguimos. Nosotros con otros 800 equipos de radio, tele y gráfica y unos 400 fanáticos desquiciados con guantes de encaje y labios pintados de rojo. Reflexión aparte, esos mismos locos de remate, algunos más, otros menos, son los mismos, pero los mismo eh, que están ahora acampanado en River. Hay varias cosas que no logro comprender. Para empezar, quisiera saber qué les pasó durante todos estos años como para seguir con el guante de encaje puesto. Y ya que hablamos de la ropa, les pregunto, no notaron que esta mujer hace mucho ya que viene ganando cifras de dinero exorbitantes y se viste muy bien? Lo notaron? Claro que si. Entonces, pregunto, qué hacen vestidos como si estuvieran adentro de la peli Buscando a Susan? También podría preguntarles cómo es que después de esa película siguen siendo fanático, pero mejor no. Será que yo no soy fanática de nada. Me fanatizo únicamente con algunas ideas propias. Y por lo general me arrepiento, pero ese es otro tema.


Salió a comer. No había imágenes de la cantante en el país. Aún no había filmado en el balcón. Y fue a comer a Puerto Madero (Que ya existía eh). El restaurante (La palabra restó no existía gente) quedó rodeado. Y mientras yo la pasaba bomba relacionándome con el zoológico circundante noté un hilo de luz entre la cortina y la pared del comedero. Rompimos el espejo de mi angel face (Ahora uso MAC sino se me cae la cara a pedazos, pero en ese momento me podía poner arena y quedaba divina… divina juventud) y la pericia de un gran camarógrafo hizo el resto. Ahí estaba la diva alimentándose, como todos los mortales. La cantante comía! Y esas imágenes fueron las primeras así que se pasaron hasta el hartazgo.


Por eso digo, por la relación especial que nos une (Aunque ella no esté enterada) de muy mal gusto me pareció que me suspendiera el show.
Para empezar fue un caos conseguir entrada. Viste que te las van tirando de a puchitos. Que abrimos la primera fecha, que después la segunda, que hacemos cola por 6 días (Ah, tengo otra consulta para los eternos fans: De qué viven lindos? Cómo es que se toman todos esos días para estar parados delante de la mansión del Hyatt, eh??). Y el servicio de ventas de entradas on line, que es, como decirlo… no encuentro la palabra justa… a, si, una reverenda cagada.

Habíamos conseguido entradas, teníamos fecha. Y ahí nomás, entre adopción y adopción, va y se divorcia. Y el ex parecía un caballero, mirá que ni un peso le sacó. Pero algo debe haber pasado porque cuando parecía que habíamos superado el mal trago y el peligro de suspensión parecía haber pasado, se despacha Guy con ese comentario tan agradable sobre que tener sexo con su esposa era como tenerlo con un tendón. A mi me pareció recordar que Naomi había hecho declaraciones diametralmente opuestas… igual, yendo a lo práctico, cagamos pensé yo, se deprime la diva y me suspende el show.


Pero no, llegó, no se escondió, visitó a la reina que nos gobierna (Que no cabía en si misma rodeada ella x la Ingrid y la Madonna, mirá cuando la vea Cobos) y ya estábamos!!. Ella, los 432 guardaespaldas, la secta de orates que bailan en la vereda para los noticieros y todos los que pudimos pagar la entrada!


Ya estaba enojada yo porque parecía que todo el mundo vendía su entrada. Con lo que me había costado conseguir la mía. Y encima, de cinco chicas materiales que íbamos a asistir, una no consiguió pasaje desde Madrid, a otra la mandaron a San Pablo. Quedamos tres, y una de las dos, que claramente no soy yo, quiere ir temprano para ver a Paul Oakenfold. Será posible. Decí que vendimos las dos entradas sobrantes.. (Antes del cambio de fecha, obvio, porque sino no las hubieras vendido, puta madre).


Y entonces, ahí me cambia la fecha la muy desconsiderada porque parece que no le llegó el vestuario (Y algunos equipitos). Pero si sale en bolas, dijo muy acertadamente la señora que hacía cola delante de mí en Falabella, mientras yo compraba los monitores para la oficina porque era día de descuento, y apurada los compraba porque era día de recital. Lloró, dijo, cuándo se enteró de la demora del vuelo. (Madonna, no la señora de la cola). Tranquila nena, quedarse en el país unos días más no es tan tremendo. Al menos no lo es la mayoría de las veces.


Ahora estoy reprogramando la agenda. Facilísimo en diciembre, eh. Parece que nos canta el viernes. Lo bueno es que los viernes estoy tan cansada que todo me chupa un huevo.

Mirá Madonna, bastante mal te portaste. Igual, por si le querés decir a Guy, y a pesar de que en la tapa de Gente tenés bigotes (gracias Lula), como corolario de todo esto te reitero que si algún día, por una de esa casualidades, me gustan las mujeres, yo te juro que de la primera que me enamoro es de vos.

Eso si, a la puerta del Hotel no voy. Y del guante de encaje ni hablar.

martes, 25 de noviembre de 2008

M de Madre de Dos...

Tener un hijo te cambia la vida, te modifica los esquemas (Además del cuerpo, claro). Esto no es ninguna novedad. Se han escrito infinidad de líneas al respecto. Con humor y con temor. Con liviandad y con demasiada seriedad. Hay textos para todos los gustos.

Se ha escrito mucho menos sin embargo sobre tener dos hijos, un segundo hijo. Muchos dirán que con el primero está todo dicho, que sólo se repite la experiencia. Yo sostengo otra teoría: Hay mucho menos porque las madres de dos no tienen tiempo ni para escribir la lista del super, mucho menos textos inútiles como este.

Ahora, que justamente están las dos dormidas, pasaré a enumerar unas sutiles diferencias que noto entre la primera y la segunda, así, sólo a simple vista.

Para la primera hicimos ecografía común y ecografía 3D. Le mentimos al médico para que nos haga ecografías de más. Salía a todos lados con el VHS en la cartera, por si tenían que hacerme una ecografía de apuro (??) y no quedaba registrada.

La ecografía más esperada de la segunda fue la que nos confirmó que era un feto “único”. Y no recuerdo si hicimos muchas más. Y no tengo a donde fijarme porque de VHS ni hablar.

A la primera le sacamos fotos hasta cuando la internaron porque se le hinchó la cara como un globo. Es como Gran Hermano pero estático (Bueno, es como Gran Hermano). Hasta del ombligo podrido tenemos fotos. Y además por mucho tiempo tuvimos el ombligo podrido, pero eso es para otra sesión. Si bien ya teníamos cámara digital yo mandaba a imprimir de a 100.

De la segunda hemos sacado mucho también. Pero menos. Y la única impresa es una en papel común en la oficina, que encima me quedó chica en el portarretratos. De todos modos este tema no me preocupa, si bien se llevan seis años parecen clonadas, y seguramente con el tiempo hasta yo me iré olvidando y podré asegurarle cándidamente a la segunda que por lo menos en la mitad de los álbumes la que está es ella.

A la primera la bañábamos todos los días. Un pompón era la nena de tanto jabón. Tenía patito de goma y un osito que largaba agua por la boca. Es que precisábamos mantenerla entretenida para sacarle fotos. A la segunda algunos días la hemos bañado. Básicamente cuando fue inevitable. En esas raras ocasiones juega con un tupper (limpio eh). Lo bueno es que cuando no la baño recuerdo qué le di de comer porque le veo el pegote del pelo y ya.

No es una cuestión de amor. Es una cuestión de recursos y de derecho de piso. Hablando de piso, hoy la pequeña estaba comiendo un pedazo de manzana, de ayer, que encontró en el piso, pero mal no le va a hacer, no?. La mayor comía menú especial, super variado, super nutricional. Y ahora es una gourmet, le gustan los langostinos y el "pescado rosa" (Salmón, $45 el kilo). La menor... bueno, la menor come manzana, recuerdan?

Cada una tiene su pieza. Pero a la menor le encanta ir a la pieza de la mayor. Ocurre que en la pieza de la mayor hay un casa de muñecas que me llega a mi a los hombros. Aproximadamente 15 barbies, 30 cajas de juegos, infinidad de marcadores, multitudes de maquillajes, un arcón lleno de disfraces. Y en la pieza de la menor está el mueble de planchado. Y bueno, es que llegó antes que ella. El mueble digo.

Y para ir terminando, eso de que por dos es más barato es una de las mentiras más grandes que escuché en mi vida. Está rankeada justo arriba de esa otra barrabasada que dice que el segundo parto te duele menos.

El amor es el mismo decía, la edad (la mía) no. Y si después viene algún reclamo de la chiquita simplemente le diré que estaba todo calculado para que ella sea fuerte y aprenda a pelear por sus cosas.

Y para los reclamos que, de todos modos, me hará la primera... ay, no se... lo tendría que haber pensado antes, ahora no tengo tiempo. Soy (entra otras cosas) madre de dos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

M de Maldición!



Apenas en unos meses cumplo 35 años. Me han vaticinado todo tipo de depresiones y crisis, conflictos e inquisiciones filosóficas.
Para ser honesta, yo vengo surfeando sobre la edad sin problemas.

Básicamente me importa un cuerno. Si, me molestan un poco las canas, me incomoda algo salir y que me lleve una semana recuperarme, y algunas otras nimiedades. Pero de verdad que nada de esto me quita el sueño. (El sueño me lo quitan la bebe de un año y los dos gatos molestos, así que no hay lugar para algo más)
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Además, la boludez no tiene edad. Y como uno se lleva puesto en el transcurrir de los días, no creo que el último día de los 34 estés esplendido y el primero de los 35 estés para el descarte.

Por otro lado, de un tiempo a esta parte (Alguna vez voy a escribir sobre el significado personal de “de un tiempo a esta parte”, pero se resume en un tumor que estaba y ya no) yo festejo todo. Porque me gustan las fiestas, porque me gusta mi familia, porque me gustan mis amigos y porque elijo pasarla bien. Así que yo espero mi cumpleaños y lo festejo. Siempre.


Hace apenas unos días, en la mitad del quilombo de fin de año (O me sobran eventos o me faltan días de acá al 31 de diciembre) me percaté de la proximidad de mi cumpleaños y hasta me gustó el número que se avecina, porque pareciera que merece un festejo mejor. O al menos me pareció una buena excusa.


Mientras ya tenía casi todo organizado en mi cabeza (La chopera, la banda, el boliche, el menú, los invitados, la invitación y los zapatos que me iba a poner) me di cuenta, otra vez, de que todo no se puede. Porque tenemos ganas de vacacionar en Brasil, y somos un paquete de cuatro, porque el colegio de las nenas aumentó, porque todo aumentó y todo no se puede. Mierda.


Y entonces si, casi me agarran una depresión, muchos conflictos y varias inquisiciones filosóficas. En ese orden.

Lo más triste es que yo no pensaba tener crisis de los 35. Y parece que ya me inventé una. Maldición.

sábado, 15 de noviembre de 2008

M de Me tienen los huevos al plato.


Que el tiempo pasa no es ninguna novedad. Si te pasa por encima o no es más o menos la cuestión.

En líneas generales (Porque si vamos a entrar en detalles primero tengo que buscar contención profesional) puedo listar cierta caída de ciertas partes, cierta madurez en la toma de decisiones, cierta capacidad en crecimiento para el disfrute y mucha más paz (Que Dios sabrá si está relacionada con la sabiduría o con la resignación, pero eso lo vamos a dejar para la tercera edad cuando tengamos mucho más tiempo para afrontar semejante disyuntiva).

Mientras, a esta altura del campeonato, puedo decir, sin ningún empacho, que hay una gran serie de cosas que están mal. Por ejemplo, las sandalias con medias. Aunque no tengan puntera. De hecho, las medias sin puntera son una aberración. O tenés las patas al aire o no. Y para mi es así y punto.

Hay otro gran grupo de cosas que se, sin temor a equivocarme, que están bien. Y acá puedo incluso ponerme un poco pelotuda: Está bien postergarte aunque sea un poco por tus hijos, está bien pelearte con quien debas hacerlo, está bien amar a tu pareja hasta que duela, está bien ser incondicional para tus amigos. Está muy bien ser honesta. Sobre todo con vos misma.

Y el problema está con aquellas cosas que, tantos años y cuestiones vividas después, aún no sabés de que lado están. Cuando se te presenta alguna, así, en la cara de repente, en ese momento evaluás en entorno, el contexto, la situación, y le ponés le cuerpo y ya. Pero en frío levantas la ceja como Mirta, te pones el dedito en la boca y no sabés bien que partido tomar.

A mi me desvela, desde ya hace unos días, un tema en particular. Estoy rodeada de mucha gente. Por mi trabajo, mis actividades y mi forma de ser estoy recontra rodeada. Y me di cuenta (Y mientras me daba cuenta me horroricé) de que no soy capaz de distinguir, frente a alguien que me pone los huevos al plato, si está para medicar o para cagar a trompadas. Y no es un tema menor.

Esto que parece una gansada no me deja dormir. Ocurre que por mi naturaleza combativa y mi compulsión a no filtrar (me) soy peligrosísima.

Llegado a este punto, apoyada como decía al principio, en lo vivido, los años, la maternidad y la madurez, mientras escribía tomé una decisión.

A partir de este momento a toda esa gente que me tiene los huevos al plato y que no se si está para medicar o para cagarla a trompadas, en una primera instancia, y por las dudas, la voy a cagar a trompadas.

Total, para medicar siempre hay tiempo.

Puff...

(Nota: Y gracias a vos que 16 años después me diste un título estupendo que no puede dejar pasar)